Cuando escribo me viro al revés, y el cerebro se me coloca en el lugar del corazón y éste se sube a la cabeza, donde también tiene su trono. De esa manera las órdenes que da uno se cumplen inmediatamente, enriquecidas por las emociones y los sentimientos que aporta el otro.  Comienzo a escribir en el silencio, luego aparecen los personajes y las situaciones a las que doy forma, y la soledad se espanta y se desliza como sombra  por las paredes de la habitación hacia la puerta de la calle. Digo mentiras y las escribo y quiero que las lean, lo mismo que el Arcángel de la Fantasía que con su trompeta reclama atención porque cree en la historia que inventa (la suya propia)  y pretende que los demás la crean también y la disfruten. Yo caminando y él haciendo uso de sus alas, ambos tomamos con urgencia el camino hacia ese espacio de luz que es la escritura.

Autora

Daisy Valls nació en Cueto, Oriente, Cuba. Poeta, narradora, crítica literaria, editora

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